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El almidón y la evolución

El almidón, que para gente de mi edad está más asociado al cuello duro de las camisas, es una molécula prodigiosa. Y ahora resulta que pudo haber jugado un papel protagónico en algo que nos importa mucho: nos ayudó a desarrollar un cerebro masivo para, como dijera Cerebro, tratar de dominar al mundo.

Formalmente es un polisacárido, es decir, una molécula hecha de copias de moléculas más simples llamadas monosacáridos. El almidón está hecho de dos polisacáridos distintos, llamados amilosa y amilopectina. Lo que nos importa es que cuatro de cada cinco calorías que nos comemos un día sí y otro también provienen del bendito almidón.

Un estudio que acaba de publicar Nature Genetics revela que este carbohidrato quizá fue el factor que inclinó la balanza de la evolución de modo que llegamos al mundo nosotros, Homo sapiens. La hipótesis es que una rama de nuestros antepasados que se separó de los chimpancés bajó a las sabanas africanas y empezó a incluir en su dieta tubérculos ricos en almidón. Como el almidón es básicamente glucosa empaquetada, dio a esos antepasados una ventaja energética: podían aguantar más el frío, eran más fuertes, sobrevivían mejor.

Nota completa en: www.milenio.com

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