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El Blog de los Chapingueros


La verdadera tragedia del campesino mexicano

Partamos de un punto que, a juicio de muchos, está fuera de discusión: la economía mexicana, a pesar de sus limitaciones, ineficiencias y rezagos, es ya, desde el siglo pasado, una economía capitalista, una “economía de mercado”. Ahora bien, la esencia de esta economía consiste, precisamente, en que toda ella, salvo excepciones muy poco significativas, se dedica a producir mercancías, esto es, bienes y servicios capaces de satisfacer alguna necesidad humana, pero destinados no al consumo de quien los produce, sino de un tercero que está dispuesto a adquirirlos a cambio de un equivalente medido en dinero contante y sonante. En suma, el capitalismo es un modo de producción dedicado por entero a la fabricación de satisfactores para el mercado, operación mediante la cual el fabricante no sólo logra convertir su mercancía en dinero para volver a reiniciar el ciclo de su producción, sino también y principalmente, obtener más dinero que el originalmente invertido, es decir, una ganancia o utilidad que es el verdadero motor de su febril actividad productiva. La economía capitalista es, por eso, enemiga mortal e irreconciliable del autoconsumo. Surgida primero en unas cuantas ramas productivas, poco a poco se fue extendiendo a todas las existentes e, incluso, a muchas más que no existían y que han sido desarrolladas por el propio capital, mediante la creación de nuevas necesidades de los consumidores. Este avance arrollador, esta conversión de todo lo que necesita el hombre para vivir en mercancía y, por tanto, en fuente de lucro y de ganancia, queda ilustrado por el hecho de que, cosas que apenas ayer eran totalmente ajenas al mercado, como la tortilla, la sopa, los frijoles guisados, los huevos de gallina e incluso el agua para beber, hoy son una mercancía tan corriente como los zapatos o los teléfonos celulares.

Nota completa en: www.rumbodemexico.com.mx

  1. Elizabeth Said,

    Increible que tengamos tal rezago en materia agrícola, y que dependamos de los desechos de tecnología de nuestro vecino, pero lo que más me impresiona es la calidad de vida de los campesinos. Y todavía nos quejamos de que esta caro el jitomate, si los propios productores no lo pueden consumir, o consumen el de peor calidad para poder vender “el mejorcito” y que además será pagado a precios inifimos.

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