Publicamos el mensaje que escribió el Papa Benedicto XVI al director general del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación.
Excelentísimo Señor Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
1. Este año la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que usted dirige, al recordar una vez más su fundación, invita a la Comunidad internacional a tratar sobre uno de los desafíos más graves de nuestro tiempo: liberar del hambre a millones de seres humanos, cuyas vidas están en peligro por falta del pan cotidiano.
El tema elegido para esta Jornada, “El derecho a la alimentación”, abre idealmente las reflexiones que la comunidad internacional se prepara a hacer con ocasión de las celebraciones por el 60o. aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Esta coincidencia ayuda a pensar en la importancia que el derecho a la alimentación tiene para la feliz consecución de otros derechos, empezando ante todo por el derecho fundamental a la vida.
Debemos constatar que los esfuerzos realizados hasta ahora no parecen haber disminuido significativamente el número de hambrientos en el mundo, a pesar de que todos reconocen que la alimentación es un derecho primario. Esto es debido quizás a que se tiende a actuar motivados, sólo o principalmente, por consideraciones técnicas y económicas, olvidando la prioridad de la dimensión ética del “dar de comer a los hambrientos”. Esta prioridad atañe al sentimiento de compasión y solidaridad propio del ser humano, que lleva a compartir unos con otros no sólo los bienes materiales, sino el amor del que todos tenemos necesidad. Efectivamente, damos demasiado poco si sólo ofrecemos cosas materiales.
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