Si junto a tu casa dispones de un jardín o de un pequeño espacio verde que procuras mantener limpio, o dispones de un trozo de huerta donde cultivas tus hortalizas; si en tu que hacer diario te molestan las «malas hierbas», seguro que alguna vez has comprado y utilizado un herbicida para destruirlas, y ha sido Roundup, que es capaz de destruir todo tipo de planta y algo más, y también de contaminar nuestro organismo.
El herbicida Roundup de la empresa americana Monsanto es presentado por su fabricante como un producto biodegradable y ecológico; lo llaman producto fitosanitario para extremar la confusión. Pero el herbicida no es biodegradable ni ecológico, sino peligroso para la salud pública, para quien lo manipula y, a través de la cadena alimenticia, para nosotros los consumidores. Su principio activo, el glifosato, ataca a las hormonas del crecimiento de todo tipo de vegetación hasta su destrucción total.
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La industria biotecnológica no cesa de utilizar pretextos como la crisis alimentaria para la promoción de sus patentes transgénicas. El gobierno federal no se queda atrás y en lugar de proponer una estrategía para alcanzar la soberanía aliementaria de nuestro país se ha dedicado a proteger los intereses privados por sobre los públicos. Sagarpa es el ejemplo perfecto, pues acepta un acuerdo para la soberanía y la seguridad alimentaría con las organizaciones campesinas del Movimiento por la Soberanía Alimentaria, condicionandolo a la inclusión de la iniciativa privada.
El proceso para utilizar semillas transgénicas para la siembra del maíz no podrá acelerarse, afirmó Alberto Cárdenas, secretario de Agricultura.
La generación de maíces comerciales genéticamente modificados en México es una solución para enfrentar la crisis alimentaria en nuestro país, afirmó Carlos Salazar, secretario general de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz.
El informe ‘La coexistencia sigue siendo imposible - Testimonios de la contaminación’, publicado por Greenpeace el pasado 28 de mayo, alerta de la peligrosidad del maíz transgénico insecticida de Monsanto, MON 810, que repercute negativamente en el medio ambiente, la salud y la economía rural y agraria.
La siembra de materiales genéticamente modificados en Tamaulipas iniciará a partir de enero de 2009, pero la comercialización del maíz transgénico será hasta el ciclo Otoño-Invierno 2011-2012, aseguró el Secretario de Desarrollo Rural, Víctor Manuel de León Orti.
Recurrir a transgénicos no es algo que vea con malos ojos la doctora en ciencias Esther Orozco, especialista en genética y biología molecular, menos aún en medio de esta crisis alimentaria, que resulta ya inocultable en México.
Muchas de las preocupaciones fueron planteadas en la occidental ciudad alemana de Bonn, donde se reunieron más de 3.000 delegados de 147 países con motivo de la IX Conferencia de las Partes del Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (COP 9), que comenzó el lunes y concluirá el 30 de este mes.
Estos cultivos no sólo se limitan al maíz, pues se tiene el algodón y la soya, en los que México cuenta con una basta experiencia de siembra, incluso semicomercial.
Ante la crisis alimentaria creciente y los desastres provocados por el cambio climático, las grandes corporaciones de los transgénicos y los agronegocios vuelven a la carga con nuevos bríos, como si no estuvieran entre sus principales causantes. Su propuesta más reciente es enfrentar el cambio climático y el hambre con cultivos “resistentes al clima”.
Una investigación científica ha permitido desarrollar un mono transgénico para encontrar el tratamiento a la enfermedad de Huntington, una dolencia genética y degenerativa que provoca la muerte de las neuronas.
Greenpeace o Amigos de la Tierra celebran la decisión de la Comisión Europea de no aprobar tres controvertidos transgénicos, dos variedades de maiz y una de patata, y de devolverlos a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas inglesas) para que vuelva a evaluar en profundidad su seguridad. Los ecologistas consideran que se trata de un claro voto de no-confianza en el sistema europeo de aprobación de transgénicos, que vienen denunciando como ineficaz.
Ni el gobierno ni el Congreso de la Unión y menos las trasnacionales detendrán la lucha en contra de las plantaciones del maíz genéticamente modificado, destacaron investigadores, integrantes de organizaciones ambientalistas y campesinos de Guerrero.
España cultiva organismos modificados genéticamente (OMG) o transgénicos desde 1998. El único cultivo autorizado es el maíz MON810, del que hay 52 variedades. Es justamente el mismo del que Francia ha decidido establecer una moratoria.
El debate no es sencillo. Como en todo el mundo, la biotecnología agrícola tiene seguidores y detractores, según un artículo publicado por la BBC.
Francia decidió este viernes suspender el cultivo de maíz transgénico Mon810, en aplicación de un recurso preventivo de salvaguarda de la Unión Europea, informó el gobierno.